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Las leyendas cuentan que la primitiva imagen de la Virgen de La Almudena llegó a España con el Apóstol Santiago cuando vino a predicar el Evangelio. Las mismas señalan que pudo haber sido pintada por San Lucas y que, incluso, la talló Nicodemo. Relatos de un pasado muy remoto que dan color a la historia del fervoroso sentimiento que los madrileños profesan a la que siempre ha sido su Patrona. El viernes 9 se celebró su día en la capital recordando el 9 de noviembre del año 1085 cuando, durante una procesión encabezada por el rey Alfonso VI tras la conquista de Madrid, se derrumbó un trozo de muralla –la que cercaba la antigua «al-mudayna» árabe de quien toma su nombre– y apareció la Virgen con dos cirios encendidos. La tradición asegura que fue escondida así en siglo VIII, ante la inminente invasión musulmana.

Fue el fuego, precisamente, el que destruyó según algunas fuentes esa talla primitiva en tiempos de Enrique IV (1425-1474). La actual, venerada por el pueblo de Madrid desde finales del siglo XV, se atribuye al maestro Diego Copín de Holanda. De madera de pino dorada y policromada, sostiene al Niño en sus brazos. Un año más, el Ayuntamiento de Madrid ha renovado el Voto de Villa ante la Virgen.

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